¿Por qué siempre que me enojo tratas de tener sexo conmigo? – pregunta, molesta, mientras se ajusta la blusa, sentada en el borde de la cama.
No sé que contestar, (no se me había ocurrido), era como una reacción a sus tonos inquisidores el írmele sobre.
-¿a caso intentas remediarlo con eso? – continúa.
De verdad no se me había ocurrido, (pero en ese momento me pareció buena idea).
La miro a los ojos gigantes color miel, le sonrío a su sagacidad, qué bonita, pienso,
-Si – respondo, me lanzo a su boca cuando pensaba que no iba a poder volver a hacerlo y le doy sexo, de nuevo.