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domingo, 25 de octubre de 2009

Los fines de semana de fiestas paganas (escenario típico ultimamente) uno no se puede detener a ver quién quiere exteriorizar fluidos, el tiempo es valioso; he aquí una plática rápida.

Me senté en la barra tras dos horas de intentar largarme (acompañado) de ese lugar de mujeres fáciles (antro) pedí una cerveza, vacié la mitad y miré el restante con resignación.

-Me das un jugo de uva, por favor. – Escuché de una voz demasiado inocente para el afterhours donde me encontraba, (mi mente se iluminó de perversidad).
-Son las 6 de la mañana, ¿no tomas? – (fue la frase más educada que pude articular mientras la penetraba por los ojos con mi mirada)
-No – fingió indiferente. Las mujeres que aparentan no desear terminar en una cama desconocida con un desconocido son divertidas, (pero no difíciles).
-¿Fumas?-
-No- Recarga un brazo en la barra mientras me mira sin temor, sonriendosorbiendo el vaso purpura en su mano (vaya escudo de pulcritud). Le miro la falda del mismo color y la chaqueta negra, al tiempo que no creo los diálogos que salen de esa pose y ese vestuario.
-Entonces, ¿lo único malo que haces es coger? – pregunto antes que ella termine su “trago”, lo deje vacío sobre la barra y vaya jungla adentro, para que la persiga.
-Y ni tan malo- se retira, invitándome a mirar (y perseguir) su contoneo con una mirada sobre sus propias caderas.

I'll be back...

miércoles, 19 de agosto de 2009

Andaba comprando lencería

Debía reponer unas bragas que destrocé, así que me encontraba en la tienda de lencería preguntándome cómo es que no conocí ese sitio antes y por qué otros hombres no lo han descubierto, pues era el único en el lugar (o es que soy un pervertido).

Ahí estaba, rodeado de de mujeres pensando en su ropa interior, el olor a telas suaves mezclado con sus perfurmes, los colores pastel,…
Tuve que concentrarme y elegir media docena (para tener más cosas que romper).

La encargada preguntó acerca de la talla y de inmediato pensé en G (la cantidad de placer que me proveían esas caderas me hace perder la objetividad), al verme titubear, la empleada toma a la primera blanquita en botas esquimales que pasa, la pone de espalda y muestra el cabello lacio cayendo por la espalda, le ciñe la prenda sobre el entallado pantalón de mezclilla
–¿De esta talla? – pregunta. Miro despacio, respiro profundo y asiento (la talla me había dejado de importar).


En la salida, al toparme con la modelo de ropa interior por casualidad (claro), decidí probar suerte.
- Sé qué talla eres - susurro sobre su hombro descubierto. Ella sonríe en inocente, sin dejar de avanzar.

Cuando creí que conocía los diálogos más directos, llega (una vez más), una mujer y me hace reír de mi:
¿Dónde quieres que me los pruebe?

Regresa el As de los Bastardos.
Nueva imagen, misma actitud, diferentes mujeres