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sábado, 16 de mayo de 2009

La vez que decidí volverme un bastardo


La camioneta llego a las 5pm, paró frente a mi casa, de ella bajo una de las niñas más bonitas que haya visto en mi vida. Con su pantalón oscuro entubado, y blusa a rayas rojiblancas, horizontales. Su piel blanca, como la leche, resplandecía con el sol; su pelo negro, como si cerraras los ojos, le rozaba los hombros.

Al tocar suelo retumba el anhelado sonido de sus finos tacones negros.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco,. . .

Y el ding dong del timbre estalla

– Mi mama va a venir por mí a las 8 – dice en cuanto abro la puerta para dejarla pasar

Las siguientes 2hrs y 59 minutos sólo pensaba en cómo convencerla de aceptar un beso mío: le ofrecí agua, le hablé de libros, le hablé de música, de cine, cocina, y todo lo que se me ocurría para parecerle interesante.

A las 7:59 me dejo llevar por lo quería hacer desde que conocí a la mejor amiga de ella, en una reunión para hacer la tarea (obviamente estaba de colado), cuando me obsesioné con su manera de bajar del vehículo:

Metidos los dos en el sofá para una persona toco su abdomen, contemplo su mirada negro profundo, señalo sus labios rojo natural con mis ojos en una petición desesperada; ella conserva la calma y yo me despedazo por írmele encima… who cares? pensé

(y desde entonces, cada primer beso repito lo mismo en mi cabeza)

La beso en sus labios perfectos

E l m u n d o
s e d e t i e n e . . .






TUUUT

La señora del eterno atuendo deportivo era puntual.

–¿Desde cuando pude haber hecho esto?- suspiro en un esfuerzo por documentar información.
– Hace un año…no, más – susurra al tiempo que suelta mi mano suavemente y se marcha para subir al transporte que se la llevó, del cual nunca más la vi descender.

Entonces comencé a valorar el tiempo…después de sonreírme y pensar: puedo besar a la mujer que yo quiera…cuando quiera…