viernes, 30 de octubre de 2009

Disfraz



En el camino al valet parkin de esa noche de disfraces vi caminando:
-Una diadema de cuernos rojos
-Una blusa de tirantes, negra
-Una falda roja transparente, sólo superada en su pequeñez por el diminuto short de licra que venía bajo ella.

Todo esto acompañado de la diablita más hermosa que he visto.
Sonreí y dije a mi amigacompañante:
Mira, las mujeres solo esperan este día para vestirse como putas y que nadie les diga nada.

Esto no sonaría extraño en la boca de varios, curioso es que 4 horas y varias copas después era la misma chica demonio, la que me lo decía, al oído.

domingo, 25 de octubre de 2009

Los fines de semana de fiestas paganas (escenario típico ultimamente) uno no se puede detener a ver quién quiere exteriorizar fluidos, el tiempo es valioso; he aquí una plática rápida.

Me senté en la barra tras dos horas de intentar largarme (acompañado) de ese lugar de mujeres fáciles (antro) pedí una cerveza, vacié la mitad y miré el restante con resignación.

-Me das un jugo de uva, por favor. – Escuché de una voz demasiado inocente para el afterhours donde me encontraba, (mi mente se iluminó de perversidad).
-Son las 6 de la mañana, ¿no tomas? – (fue la frase más educada que pude articular mientras la penetraba por los ojos con mi mirada)
-No – fingió indiferente. Las mujeres que aparentan no desear terminar en una cama desconocida con un desconocido son divertidas, (pero no difíciles).
-¿Fumas?-
-No- Recarga un brazo en la barra mientras me mira sin temor, sonriendosorbiendo el vaso purpura en su mano (vaya escudo de pulcritud). Le miro la falda del mismo color y la chaqueta negra, al tiempo que no creo los diálogos que salen de esa pose y ese vestuario.
-Entonces, ¿lo único malo que haces es coger? – pregunto antes que ella termine su “trago”, lo deje vacío sobre la barra y vaya jungla adentro, para que la persiga.
-Y ni tan malo- se retira, invitándome a mirar (y perseguir) su contoneo con una mirada sobre sus propias caderas.

I'll be back...

jueves, 15 de octubre de 2009

viernes, 18 de septiembre de 2009

Ella leyó mi mente


Miraba el paisaje en movimiento al otro lado de la ventana, el compañero que iba en el asiento copiloto (que ni era mi amigo) voltea hacia atrás y me dice:
Vamos a pasar por una chava con la que ando quedando, por favor…wa wa wa wa wa… traigo una botella de vino y un cobertor para llevarmela a la playa saliendo. No vayas a wa wa wa

- No te preocupues, no me la llevaré antes de entrar al antro - jugué.
- No te la puedes llevar antes de entrar al antro – se suma a la platica nuestro compañero conductor - eso no se puede - Yo no comprendía

- ¿Apuestas? – dijo el pobre copiloto.
- Si está bonita y entramos yo invito.- les aseguré.
- Y si no entran, ¿qué quieres? – pregunta mi estafado. Sonreí con obviedad
- Me llevo a la mujer, ¿qué más quiero?

Creí que todo quedaría como una plática en la que me había visto prepotente, no contaba con que la niña que me llegaba al hombro, de cabello ondulado y ojos rasgados portara un vestido rosa y blanco, corto, muy corto. (Tampoco contaba con el efectivo para pagar mi apuesta).

Mientras caminábamos a la entrada del lugar tomé las llaves de la mano del conductor, en secreto, el otro jugador se distrajo pagando las entradas (doble error). En seguida tomé la cintura de la pequeña necesitada de atención con la que a penas había cruzado miradas en los pasillos de la escuela, la acerque a mi.
- Vámonos de aquí, tú y yo – le susurro firme, como un beso tras la oreja, con todo el descaro de un bastardo que no tiene nada que perder. Le enseño discretamente la llave del auto en mi mano.
-¿A donde?- cuestiona al tiempo que se recarga contra la pared con una sonrisa y una mirada que bien podrían haber sido de escandalizada silenciosa, (yo lo traduje como un “¡convenceme!”).
-A la playa, tengo una manta en el carro y una botella de tinto…- la pausa interrogante me seguía retando - podemos pasar por… - me calla tomando mi mano para comenzar la huida.

-¿Qué más quieres? Vámonos

martes, 8 de septiembre de 2009

La prima de una amiga


-Es morena, y está bien buena – me contaba una amiga que nunca conseguí tirarme (la amistad entre hombres y mujeres sólo puede existir después de haber decidido no coger más, ella pagó tributo con su prima).

-De donde viene se rumora que es una fichita – Seguía describiéndola antes de pasar por ella para salir de noche (¡Si por favor!). La chica de color chocolate, short corto y blusa de fácil acceso (sólo recuerdo el interior) me atrajo desde el olfato con esa esencia que únicamente las afro tienen.

Ustedes ya saben que a mí no me gusta pero las mujeres son más fáciles rodeadas de lasers, luces neón, humo, mucha gente y música a todo volumen: antro. Yo, que hago casi cualquier cosa por hacer efectiva la promesa de coito sin garantía, fui, bailé 10 minutos antes de que una pareja se besara a nuestro lado.
-Podemos opacarlos- le sonreí, acercándome sin dejar de moverme. Como si mi comentario no hubiera sido una excusa comenzamos a tallar nuestros cuerpos al ritmo de la música, nos lamimos el sudor del cuello y, no se cuanto tiempo después de meter mi lengua en su boca, abrí los ojos para ver que la escena había mandado a nuestro público a dos metros de distancia, y ahora todos nos miraban (seguro con ganas de que continuáramos desnudándonos).
-Hay que salir de aquí- tomé su mano y nos abrimos paso a la salida. Caminamos dos cuadras antes de encontrar el porche de una casa a oscuras para detenernos a terminar lo nuestro.

-Espero no arrepentirme -, dijo mientras metía mi mano bajo su short (ella comenzaba a derretirse desde dentro).
-¿De qué habrías de arrepentirte?- le sonreí, sabiendo que la respuesta sería graciosa, aún sin saber cuál sería.


Ella toca mi frente con la suya, mira al suelo, y luego en mis ojos con esos ojos que también eran de chocolate.
-...es que…soy virgen – (jajajaja) carcajeé mentalmente, le regresé una sonrisa, y decidí creerle porque me gusta creerle a las mujeres, especialmente cuando dicen soy virgen, soy tuya y te quiero, porque sólo hace falta que lo digan para que el momento sea real (y por que si mienten en realidad no me importa).

Debo haberme quedado callado más de 2 segundos, porque ella ya estaba acariciando mi sexo y preguntando:
¿me volteo?

lunes, 31 de agosto de 2009

Su mejor amiga


Comptartir casa con otros universitarios es de lo más divertido, especialmente cuando hay fiesta ajena, (= mujeres desconocidas y alcoholizadas a pocos metros de mi habitación).

Esa noche de líbido escaso me encontraba sólo en mi cuarto, planeando cómo perder el conocimiento en el menor tiempo posible. Súbitamente dos pares de tacones y uno de botas tocaron mi puerta (¿Servicio a domicilio?).

Al abrir me topé con tres fresitas buscando una mente sobria para manejar por alcohol (tuvieron suerte), me ofrecí sin ánimo de lucro (mentira) hasta que escuché a la joven de botas cafes y vestido floreado; comentando con otro alguien:
Entonces le dije: yo no soy ninguna zorra. Yo no, a mí los hombres así me caen mal, no los soporto.

Sonreí en un gesto de desaprobación. Sus palabras feministas estaban llenas de hipocresía. Así que, al regresar a la fiesta, tomé un vaso de whisky y a ella del brazo; los llevé escaleras arriba y los metí en mi cuarto.

Di un trago, puse mi bebida sobre el buró. Ella, solita, se puso frente a mí.
-¿Qué pasó? ¿Qué quieres?– decía valientemente. -Ni creas que…- Me acerqué en la oscuridad, coloqué una mano tras cada muslo y los jalé hacia mí para sostenerla contra la pared mientras me metía entre sus piernas.
–Esto- mordí sus labios en un beso correspondido.

-No, allá abajo está ella, y es mi amiga. – me reclamaba al tomar aire (se reclamaba).
La miré con extrañeza (¿Quién?) y me recalcó que la chica a quien había escuchado gemir mi nombre al otro lado de la pared la semana pasada era su compañera de departamento y su mejor amiga; y que en esos momentos probablemente estaba allá abajo preguntándose qué hacen este bastardo y su mejor amiga encerrados (pregunta tonta).

-Eso ni a ti te importa, mírate- Señalo el vestido callendo por sus hombros y la respiración acelerada.
-Claro que me importa, es mi amiga y…- la arrojo a la cama y me le voy encima; la sujeto de las muñecas, uso la lengua para agregarle escote a su vestuario.
-Ella…es…mi…amiga - susurra nuevamente.

Paro, me incorporo, tomo el whisky de mi buró y camino a la ventana, fingiendo mirar el cuarto menguante entre las nubes.
-Entonces vete – digo.

Me entretengo viéndola de reojo: paralizada sobre la cama, mirándome con la boca entreabierta (no entiende nada y le fascina). Se incorpora lenta y pensativa, camina hacia la puerta a mi espalda, las botas chasquean contra el suelo, el cerrojo se desliza, escucho sus pasos volver descalzos, se recuesta, me abre sus piernas y, a penas comenzando a perder el control, dice:
Ya pues, ¡ven!



martes, 25 de agosto de 2009

Ella era le era fiel

–¿Pasamos por una amiga para tu amigo? – preguntó.
Se podía decir que la chica en blusa escotada y cabello castaño largo que me sonreía desde el asiento trasero era bonita, por lo tanto había grandes posibilidades de que su mejor amiga fuera una fea insoportable. (Asi son las mujeres, puede ser para que la bonita siga siendo la mas bonita, porque la fea la necesita para conseguir hombres o por las dos razones; varía).

En seguida supuse, en base a lo anterior, que su amiga para mi amigo tenía espalda de luchador, más bellos que el hombre lobo y le vaciaría una cuba sobre la cabeza a mi buen amigo en cuanto los recuerdos de los hombres que, en vez de decirle lo horrible que es, le han dejado plantada; lo callé, porque era mi noche (siempre es mi noche).

En la cabaña, justo antes de que el alcohol comenzara a cobrar efecto en nuestras desquiciadas cabezas, lleve a mi cita a la terraza para que nuestros amigos comenzaran a discutir acerca la infidelidad de los géneros. (Tema estúpido: si los hombres somos más infieles que las mujeres, es porque lo hacemos con el mismo número de mujeres infieles o viceversa).

Recostados en el sofacama, tras haberle pedido mas saliva en su mano, ella se deslizó pantalón abajo, argumentando que su boca estaba llena de lubricante…

Después del cuarto orgasmo provocado con aquella habilidad oral me encontré deslizando su pantalón blanco.
-No- dijo sin expresión, lo subió de nuevo y volvió a asumir posición (rimé, ¡ja!). Sonrío, extrañado.
-¿Por que? – pregunto por el puro interés de saber (Las mujeres siempre responden algo hilarante a esta pregunta). El comentario, dicho con total convencimiento, me provocó la carcajada de la noche:

Es que...soy virgen y mi novio lo sabe, si lo hago se va a dar cuenta.

PD. Me han dicho que la foto de título se ve vulgar y estoy deacuerdo, ya la cambiaré